
Miguel Soler
Casquero
Se trata de una emulación de los medalleros de los juegos deportivos, en los que se sitúa en el centro al ganador, con el oro y a ambos lados y diferentes alturas la plata y el bronce. La peculiaridad es que no se trata de medallas sino de cascos de guerra pintados y colocados sobre cojines de seda salvaje rojos.
Parece ser una ironía, una triste ironía, en la que se premia al campeón, pero no en los juegos, sino en la guerra.

















